En el imaginario popular, los vikingos han creado un estereotipo usualmente aplicado para describir a los escandinavos. Se trata de personas rubias o pelirrojas, de gran altura, piel y ojos claros. A sus antepasados de la Era vikinga se los suele representar como bárbaros, sedientos de sangre y con cascos con cuernos debido a que el pintor sueco Gustav Malstrom quiso definirlos como seres casi endemoniados, aplicándoles cuernos en sus cascos por primera vez en 1820 para el poema épico Friðþjófs saga hins frœkna (La saga de Frithiof). La industria del cine y otras expresiones de la cultura popular han contribuido a difundir dicho estereotipo, que es irreal, pues los cascos con cuernos no eran prácticos en la lucha y no hay constancia de su uso por los vikingos. La imagen típica del vikingo es, pues, una idealización romántica.
Estatura.
Sobre su altura, cabe reseñar que Ahmad ibn Fadlan, cronista y viajero musulmán, y diversas fuentes los mencionan como gente de gran estatura. Aunque estudios modernos sobre restos arqueológicos han dado un tamaño normal para personas actuales (1,68 a 1,76 metros), cabe destacar que, en las condiciones de carestía alimenticia y numerosas enfermedades de la época, debe de haber sido una estatura excepcional, y que —con nuestro nivel de vida— probablemente hubiera sido superior.
Sanguinarios.
El tópico de seres sanguinarios, bárbaros y paganos se debe a las crónicas y registros de la época, de autores como Adán de Bremen y Alcuino de York, que los suelen representar como un castigo divino por los pecados del mundo medieval. Así, redundan excesivamente en el componente pagano, aparte de la subjetividad ya existente (cabe recordar que en la mayoría de los casos son relatos de los pueblos víctimas de los ataques vikingos). Para la época en que vivieron, donde acontecimientos como la matanza de 4500 sajones por Carlomagno no eran consideradas como atrocidades, no fueron especialmente brutales. Los escandinavos que practicaban los ataques vikingos no llegaron a ser ni más bárbaros ni más salvajes que sus contemporáneos sajones y francos.
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